En el post sobre el informalismo hemos introducido el tema de la obra que ha de ser interpretada. Muchos artistas no explican su obra o la realizan sin ninguna finalidad a priori, esperan que el espectador haga un esfuerzo por entenderla. En este sentido Umberto Eco ha escribió un libro llamado “Obra Abierta” cuya tesis es que el lector reescribe el texto y se convierte así en el autor de la obra. Esto se explica porque la obra posee una polisemia, puede interpretarse encontrándose diversos significados en ella.
Muchas veces se critica que las obras de arte contemporáneas no son comprensibles, sin embargo pensando que las obras de arte nos dan pie a realizar interpretaciones, a reflexionar, sobre quien los ha producido y sobre el tema que trata, que al fin y al cabo no es otra cosa que la cultura misma en la que vivimos, la perspectiva sobre este punto de vista cambia. Cada usuario tiene una concreta situación existencial, una sensibilidad particularmente condicionada: determinada cultura, gustos, prejuicios personales, etc. de modo que la comprensión de la forma originaria se lleva a cabo según determinada perspectiva individual. Así las obras de arte nos ayudan interpretándolas a conocernos a nosotros mismos, sobre todo si contrastamos nuestra interpretación con la de otras personas.
Roland Barthes decía que la obra ha de ser abierta para que la obra de arte no muera por el paso del tiempo, con el cambio de paradigmas y conceptos culturales. La obra polisémica es la que puede sobrevivir en el tiempo. Esta es otra ventaja que ofrece la obra abierta.
Pero, ¿quién es entonces el creador de la obra? ¿quién es el que le da significado a la obra? ¿el autor o el lector? Barthes propone que si la obra es polisémica y el lector es el que la interpreta se produce la muerte del autor de la obra. Pero en mi opinión, ha de ser el autor el que, mediante la metáfora, nos de esta opción. Por ello, el autor es fundamental en este proceso de la interpretación de la obra, y seguramente, la obra haya sido motivada por una interpretación propia del artista.
Muchas veces se ha definido el arte contemporáneo diciendo “todo vale”. Esta famosa frase la hemos escuchado numerosas veces y se ha aplicado a muchos otros campos, por ejemplo Paul Feyerabend lo aplicó a la teoría de la ciencia. ¿Qué significa “todo vale”? Según Arthur C. Danto esta situación se da cuando es imposible distinguir, por lo menos a través del método tradicional, un objeto artístico de un objeto corriente. Como ya no se puede distinguir con la vista, hay que distinguir lo que es arte con la mente. La diferencia es, por tanto, filosófica. Una obra de arte es una invitación a producir sentido. El «anything goes» o «todo vale» instaurado por la condición postmoderna, se ha convertido muchas veces en el hospedero de la mediocridad y el oportunismo.
El arte se abre a numerosas interpretaciones, así que nos podemos preguntar si las obras de arte encierran realmente un mensaje único, una verdad. El inconsciente colectivo es algo que todos compartimos y que hemos heredado culturalmente. En este sentido, en cuanto que compartimos una cultura, el inconsciente colectivo nos da la clave para entender de una manera menos relativista y plural la obra de arte contemporánea. Pero ¿será el arte contemporáneo comprensible para las futuras generaciones o para diferentes culturas? Lógicamente no.
El arte no sólo es difícil de comprender, sino que además ha perdido en muchas ocasiones el impacto sensorial. Por todo esto, en su ensayo El final del arte, Danto plantea: «El arte ha muerto. Sus movimientos actuales no reflejan la menor vitalidad; ni siquiera muestran las agónicas convulsiones que preceden a la muerte». El “todo vale” no es más que una crítica al arte contemporáneo y a la incompresión y que produce. Una muestra de ello es el siguiente video de La hora chanante.
Después de 1968 se instaura filosóficamente el concepto postestructuralismo. Comienza el concepto post, como postindustrial o postfordista, que significan lo mismo. Ya no se habla de producción sino de simulacro, como indica Baudrillard. Baudrillard es un autor del que ya hablamos, analiza la sociedad actual. Otros autores también analizan el tiempo en el que vivimos. Es muy interesante leerlos porque nos hablan de nosotros mismos, de la época en la que vivimos. Algunos de sus nombres son Lyotard, Battimo o Derrida.
Vivimos en una red de conceptos post. François Lyotard dio en 1979 cuerpo al primer texto sobre la postmodernidad en “la condición postmoderna”. Constata que se han acabado los grandes relatos, los metarrelatos o metanarrativas como el marxismo, el psicoanálisis, la ontología o el estructuralismo. Vivimos en una época en la que hay una eclosión de pequeñas historias. No se busca la verdad, la esencia, el ser, etc. Las pequeñas historias vienen unidad a la desfragmentación del saber, a la desjerarquización. En su texto “la diferencia”inaugura un discurso sobre la diferencia. En la modernidad, vanguardias, había monocultarismo, la cultura europea, eurocentrismo o etnocentrismo. El individuo se quiere diferenciar del resto creando su propia historia.
Otro pensador es Jacques Derrida. Su cocepto clave es la deconstrucción, concepto que acuña. El concepto de deconstrucción se ha usado en arquitectura para indicar que no se tiene estilo, por ejemplo para el Guggenheim de Bilbao. Deconstrucción es lo que se hace con la modernidad en la época postmoderna. En la modernidad, en las vanguardias por ejemplo, se construía desde cero sistemas completos, en la postmodernidad no interesa la novedad, no se contruyen proyectos. La deconstrucción mira hacia el pasado, es revisionista. De hecho, se habla de revival actualmente, las viejas modas vuelven una y otra vez. Se cogen fragmentos de construcciones anteriores y se crea una nueva construcción.
Battimo en “el pensamiento débil” habla del debilitamiento del pensamiento dogmático en la postmodernidad, porque no hay sólo una verdad, sino muchas, al igual que muchos puntos de vista. En cierto modo es la época de “todo vale”.
Estos pensamientos pueden resultar abstractos e incomprensibles pero poco a poco iremos profundizando en ellos. El arte postmoderno también es un ejemplo de ello y lo iremos viendo poco a poco en el tutorial “claves para entender el arte contemporáneo”.
Algo que tenía ganas de escribir desde hace tiempo es una referencia a Gadamer y la hermenéutica (ciencia de la interpretación) y a Kuhn con su sociología de la ciencia. Gadamer define en Verdad y Método al hombre, define al individuo universal, al individuo de cualquier época y tradición. El hecho de que el individuo no pueda obtener un conocimiento completo no se define solamente por su finitud sino también porque la historia no tiene un objeto único de estudio, sino que va cambiando en base a la historia de cada momento. Kuhn explica que en cada momento histórico hay una ideología dominante que llama paradigma, esa ideología nunca explica completamente el mundo, por ello, cuando ese enigma no deja abanzar a la ciencia se cambia de paradigma. Las razones del cambio de paradigma, como razona Kuhn en “la historia de las revoluciones científicas”, no es racional sino que está motivado por movimientos sociales, como sería la inversión de dinero por parte de empresas con intereses particulares. Lo importante de todo esto es que estudiamos e intentamos entender el mundo a través de lo que nos enseñan, de lo que se piensa, del paradigma dominante. Ésto no sólo se aplica a la ciencia sino también a la vida, todos hemos observado las consecuencias de los cambios generacionales y las dificultades de nuestros mayores para adaptarse. De hecho cuanto mayores son más difícil es que se adapten.
Gadamer explica esta misma teoría aplicándola a la vida. La vida es un proceso de comprensión y vivimos insertos en una historia efectual (lo que sería lo mismo que paradigma). Lo que nos provoca el paradigma es que aunque “comprendamos” el mundo, seamos menos creativos y tengamos más prejuicios -que son los que nos impiden cambiar. Cada época tiene sus intereses por lo que la comprensión nos da una verdad parcial para cada época, la del propio paradigma. Para conocer al hombre universal un método adecuado es leer y profundizar en los conocimientos y escritos de otras épocas dado que así nuestros propios prejuicios chocarán con ideas diferentes y seremos conscientes de cuáles son nuestros prejuicios. Poco a poco iremos identificando nuestros prejuicios a base de plantearnos preguntas con las nuevas ideas chocantes. ¿Cuál es el problema? Que cada paradigma, cada ideología, no nos permite preguntarnos ciertas cosas, aunque nos libremos de algunos prejuicios cada paradigma encierra unos parámetros mentales de los que no podemos escapar. El problema no está en no poder encontrar la respuesta sino en la incapacidad de poder hacer la pregunta que nos libere del más gordo de nuestros prejuicios. En definitiva, lo que ésto significa es que nunca podremos llegar a conocer la verdad sobre nosotros mismos.
Gadamer define al individuo como un ser que vive, que cambia. Es un individuo en acción, es un ser histórico. Esta acción se negaría si por definición el individuo no tuviese conciencia y por ende buscase la verdad. Así mismo define Heidegger al individuo como el Dasein, el estar aquí y ahora. Con ello implica que el ser es histórico, es acción (el verbo indica acción) y se experimenta en el presente. Así el hombre vive el presente porque actúa para entenderse como ser histórico.
En 1994, el físico teórico de la Universidad de Nueva York, Alan Sokal envió un artículo de investigación a la revista Social Text acerca de las implicaciones postmodernas de las teorías físicas del siglo XX. Sin embargo, posteriormente en una publicación en Lingua Franca anunció que aquel artículo no era más que el fruto de la hilazón de solecismos e incoherencias que simplemente adulaban los prejuicios ideológicos de los editores. Tras el examen del texto por el consejo editor de Social Text esta parodia fue publicada en abril de 1996 como exhaustivo trabajo de investigación en un número especial en el que se trataba de refutar la idea de que los estudios culturales en los que se critica a la ciencia son incompetentes.
Este engaño ha tomado el carácter de clásico y ha gozado de una gran difusión tanto en prensa como en universidades. Creo que este engaño muestra tres cosas importantes: que el punto de vista relativista está ampliamente aceptado en el ámbito universitario, que el engaño conlleva fatales consecuencias para los estándares de investigación y responsabilidad intelectual, y que ninguna de las afirmaciones anteriores debe ser tomada como reflejo de una perspectiva política concreta. Opino que es muy difícil escribir algo a lo que no se le pueda objetar nada. Estoy completamente de acuerdo con Boghossian en su intento por refutar la relación del postmodernismo relativista con el ámbito político porque, admitiendo que toda postura es criticable en algún punto, me consta que cualquier corriente es utilizada al salir de su ámbito (científico en este caso), no en rigor de su veracidad, sino en busca de unos fines encubiertos y con el propósito de persuadir.
Cornelis Escher, "mano con esfera reflectante", 1935
Volviendo sobre el Quijote de Cervantes artificio y apariencia en don Quijote de la Mancha intentaré explicar la visión de la vida que intenta transmitirnos el libro ya que el artificio y la apariencia de la novela transcienden al ámbito del lector planteando cuestiones. Estas cuestiones a la vez que dan vitalidad al libro, plantean la cuestión al lector de si la ficción produce vitalidad. El mensaje de la novela sería que la vida produce ficciones y éstas vuelven sobre la vida animándola. Así en la novela la ficción empieza por don Quijote y sigue multiplicándose a lo largo de los personajes. Don Quijote tras el fracaso de la fantasía de la caballería andante sigue apostando por la fantasía, más tarde la de la vida pastoril. Como dice cide Hamete la vida es como una rueda, todo se repite siempre cuando avanza.
En el capítulo XII de la segunda parte don Quijote habla de la comedia de la vida, compara la comedia con la vida, en la vida cada uno representa su papel pero ante la muerte todos somos iguales, como iguales con los actores de una comedia cuando no la representan. Una imagen, por ello, bonita es la imagen de don Quijote luchando con su espada contra las marionetas del teatro de maese Pedro: se había creído la historia y quería ayudar a los personajes. Diferenciar qué es teatro y qué no lo es, es difícil; igual de difícil que no actuar y no cambiar en la vida.
Tras el año del Quijote ya en 2005 me surgió curiosidad por esta obra, en 2006 me lo compré y en 2007 me lo leí. Ahora toca pues el año de la reflexión. Mi idea sobre esta obra de Cervantes es que la novela cambia y se transforma, esto es, se desfigura el límite entre ficción y realidad. Ya desde un principio nos preguntamos: ¿Existió cide Hamete Benengeli o es un artificio? ¿Don Quijote es real o ficticio? Pero al mismo tiempo la novela nos muestra la misma dinámica a nivel de la relación entre los personajes, algunos de ellos mudan su condición: de cuerdos a locos como Alonso Quijano o Cardenio, mujeres se hacen pasar por hombres como Dorotea o Ana Félix, encontramos personajes que se convirtieron en pastores… y otros fingen ser: como Dorotea que finge ser la princesa Micomicona, Fernando para engañar a Dorotea finge ser su prometido o el barbero haciéndose pasar por doncella. Todos estos personajes están actuando como quizá Cervantes actúa bajo el nombre de cide Hamete Benengeli. Surge ahora la cuestión: ¿existe una intencionalidad en estos cambios, en la ficción?
Para mí esta novela se articula alrededor de dos ideas: imitación y engaño, o artificio y apariencia. El lector, de este modo, se ve sometido a la necesidad inconsciente de analizar este hecho para averiguar lo real de cada personaje y, por lo tanto, el sentido de la novela. Es así como el lector debe dudar para separar realidad y ficción, ver en las actuaciones imitaciones o dejarse engañar por ellas. Esta novela transciende el ámbito del lector obligándole a elegir. Seguramente no seré yo la primera persona que haya tenido estas ideas sobre el Quijote y seguro que muchos lo habrán relacionado con otras posteriores del barroco español. Bueno, por lo menos sirva la opinión para hacer un ranquing de interpretaciones.