Posts Tagged “memoria”

Hace unos días fui a ver esta exposición que me fascinó. En primer lugar por el concepto mismo de exposición generado por la comisaria Cecilia Andersson que presenta las obras de dos artistas como un proceso para que sea comprensible para el público, genera así un diálogo entre artistas y público. Realmente la forma en la que habitualmente participamos e interactuamos con el mundo es el diálogo. Éste es el sentido de la obra abierta de Umberto Eco que comentamos en un post reciente.

Parte de este proceso se manifiesta al comienzo de la exposición el la que se presenta a cada artista mostrando sus fuentes, que al mismo tiempo se vinculan con los materiales que utilizan. Stephen Dean utiliza como medio las grabaciones de video y su influencia está en su abuelo y su tía, por ello se muestran grabaciones de los 60 de su tía y su abuelo. Daniel Canogar utiliza materiales reciclados que extrajo de casa de un pariente.

De cada artista mostraré una obra representativa de la exposición para que os hagáis una idea de a donde les ha llevado estas influencias.

Stephen Dean, instalación “prayer Mills”, 2007. Mediante el uso de unos expositores de postales desechables –que el espectador puede girar-, de unas escaleras, vidrios transparentes y luces, se genera un juego de reflejos que cambian a medida que el espectador se mueve o mueve la obra. El artista aborda el color como elemento esencial en la mayoría de sus obras, muchas de ellas videos, como medio para transmitir emociones por un medio atemporal.

Daniel Canogar, “hipocampo”, 2010. Un rayo de luz atraviesa una serie de calbes delgados agrupados informalmente en tres paquetes. La luz en movimiento refleja sobre los cables creando un efecto parecido a las chispas. Es una metáfora de cómo la información atraviesa caminos complicados. El título añade además que los medios de información actuales son un medio relacionado con la creación de memoria.

Estas obras dan paso a otras más complejas y con más matices, pero con el mismo fundamento. La exposición no sólo nos hace reflexionar –o dialogar con el autor, como diría la comisaria- sino que también presenta un gran placer estético para el espectador. Os invito a todos a visitar esta exposición.

Para más información consultar este enlace:

Sala de exposiciones del Koldo Mitxelena

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Siempre ha habido quienes guardan muchas cosas antiguas, a pesar de no utilizarlas, como recuerdo. Antaño los objetos se guardaban quizá más que hoy en día, muchas veces porque se consideraba que seguían siendo útiles. Hoy cuando una maleta se nos estropea, cuando nuestros cubiertos están viejos o cuando la ropa ya no nos gusta, nos deshacemos de estos objetos porque se pueden volver a adquirir fácilmente. De hecho la sociedad en la que vivimos valora este materialismo del “ir a la última” y no nos gusta a menudo tener objetos rotos o que se vean viejos.

Puede parecer que en esta sociedad no somos amantes de la colección, de conservar objetos antiguos. En mí opinión quien más, quien menos, colecciona algo hoy en día, hoy nos coleccionamos a nosotros mismos. Las nuevas tecnologías han propiciado que esto sea posible. Hoy en día realizamos muchísimas fotografías que son reflejo de nuestra vida y no nos desprendemos de ellas. También compramos cosas con las que nos identificamos y las conservamos como muestra de quienes somos o de quienes hemos sido, música por ejemplo. Hoy en día tenemos una gran agenda de teléfonos, muchos de los cuales no usamos, pero que no borramos por si acaso. Hoy en día guardamos mail, conversaciones, videos, libros, música o imágenes que nos definen. Muchas cosas de las que coleccionamos y que nos definen están en soporte digital. En el fondo son recuerdos inmateriales que no ocupan espacio pero de los que no nos desprendemos porque los consideramos vestigios de nuestra vida. Ya no coleccionamos sellos, objetos exóticos o cromos, sino que sólo conservamos aquellos que nos recuerdan un pasaje de nuestra vida.

El coleccionarse a sí mismo se debe en gran medida a lo que se llamó “ruptura generacional” y que ocurrió hacia los años 60-70. Antes de esta llamada ruptura las personas vestían siempre como mayores, todos tenían un traje de domingo y sus objetos de uso cotidiano eran similares y se compraban por el uso que se iba a hacer de ellos. La ruptura generacional hace referencia a cuando los jóvenes ya no quieren ser como sus padres e intentan diferenciarse de ello y surgen las generaciones y los estilos. Los hippies por ejemplo son un ejemplo de ello. Más actualmente hablamos incluso de revival. Ahora todos hablamos ya de generaciones y buscamos identificarnos de algún modo con ellas. Para demostrar quienes somos y quienes hemos sido nos coleccionamos a nosotros mismos.

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Algo que tenía ganas de escribir desde hace tiempo es una referencia a Gadamer y la hermenéutica (ciencia de la interpretación) y a Kuhn con su sociología de la ciencia. Gadamer define en Verdad y Método al hombre, define al individuo universal, al individuo de cualquier época y tradición. El hecho de que el individuo no pueda obtener un conocimiento completo no se define solamente por su finitud sino también porque la historia no tiene un objeto único de estudio, sino que va cambiando en base a la historia de cada momento. Kuhn explica que en cada momento histórico hay una ideología dominante que llama paradigma, esa ideología nunca explica completamente el mundo, por ello, cuando ese enigma no deja abanzar a la ciencia se cambia de paradigma. Las razones del cambio de paradigma, como razona Kuhn en “la historia de las revoluciones científicas”, no es racional sino que está motivado por movimientos sociales, como sería la inversión de dinero por parte de empresas con intereses particulares. Lo importante de todo esto es que estudiamos e intentamos entender el mundo a través de lo que nos enseñan, de lo que se piensa, del paradigma dominante. Ésto no sólo se aplica a la ciencia sino también a la vida, todos hemos observado las consecuencias de los cambios generacionales y las dificultades de nuestros mayores para adaptarse. De hecho cuanto mayores son más difícil es que se adapten.

Gadamer explica esta misma teoría aplicándola a la vida. La vida es un proceso de comprensión y vivimos insertos en una historia efectual (lo que sería lo mismo que paradigma). Lo que nos provoca el paradigma es que aunque “comprendamos” el mundo, seamos menos creativos y tengamos más prejuicios -que son los que nos impiden cambiar. Cada época tiene sus intereses por lo que la comprensión nos da una verdad parcial para cada época, la del propio paradigma. Para conocer al hombre universal un método adecuado es leer y profundizar en los conocimientos y escritos de otras épocas dado que así nuestros propios prejuicios chocarán con ideas diferentes y seremos conscientes de cuáles son nuestros prejuicios. Poco a poco iremos identificando nuestros prejuicios a base de plantearnos preguntas con las nuevas ideas chocantes. ¿Cuál es el problema? Que cada paradigma, cada ideología, no nos permite preguntarnos ciertas cosas, aunque nos libremos de algunos prejuicios cada paradigma encierra unos parámetros mentales de los que no podemos escapar. El problema no está en no poder encontrar la respuesta sino en la incapacidad de poder hacer la pregunta que nos libere del más gordo de nuestros prejuicios. En definitiva, lo que ésto significa es que nunca podremos llegar a conocer la verdad sobre nosotros mismos.

Gadamer define al individuo como un ser que vive, que cambia. Es un individuo en acción, es un ser histórico. Esta acción se negaría si por definición el individuo no tuviese conciencia y por ende buscase la verdad. Así mismo define Heidegger al individuo como el Dasein, el estar aquí y ahora. Con ello implica que el ser es histórico, es acción (el verbo indica acción) y se experimenta en el presente. Así el hombre vive el presente porque actúa para entenderse como ser histórico.

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El jueves estuve visitando la exposición temporal las mujeres que no conocemos, el título ya resulta ambiguo, no sabemos a ciencia cierta de qué tratará la exposición. Una vez que entramos ya nos damos cuenta que habla de un voyeur al que le gusta perseguir a desconocidas por la ciudad. Es muy interesante cómo interactúan espacio, cine y fotografía, principales recursos de la exposición. La luz viene dada principalmente por las proyecciones creándose escenografías en las esquinas y en diferentes espacios que hacen que el espectador se sitúe en la ciudad misma, te convierte en voyeur y en perseguido, convierten el cine en un recurso interactivo.

Al final hay una instalación en la que se ve al público mirando cuadros y cuadros que nos miran o miran al público, nosotros somos parte de ese mismo público y hacemos una reflexión sobre lo que nosotros somos ¿no somos nosotros mismos mirones? Cuando en la primera parte de la exposición veíamos al mirón persiguiendo y mirando a las mujeres llegaba a darnos asco, sin embargo al final de la exposición, mediante esta instalación, se establece un diálogo entre la persona y la obra de arte creándose un diálogo y la pregunta que ya hemos planteado.

Un problema que podríamos decir que supone una exposición así es que al ser básicamente cinematográfico la exposicón misma marca un ritmo a seguir en la exposición en contra de los diferentes niveles de lectura y de la posibilidad de realizar la visita más o menos rápido. Otro problema sería que la oscuridad necesaria para proyectar anula las posibilidades del resto de recursos.

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