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En mis primeros años de universidad tuve la oportunidad de visitar la Biblioteca Nacional de Madrid. Visité sus fondo, vi todos los departemos y los almacenes. Algo que me sorprendió sobradamente fue que en la biblioteca se recogía todo lo que se publicaba, todas las ediciones coleccionables, todos las películas, música, etc. de España. Me sorprendió que no se aplicase un criterio sobre lo que se adquiría, dado que muchas ediciones son casi iguales, o hay algunas mucho mejores que otras ¿Pará qué tener un gran número de obras iguales? Allí mismo me lo explicaron, porque no se recogen en la biblioteca las obras publicadas tan solo sino que también un investigador puede tener interés en estudiar qué tipo de ediciones se hacían en una época. Para ese investigador la peor edición tenía un valor también.

A lo largo de los años fui entendiendo y argumentando esta postura. Recientemente trabajando en el museo unas compañeras me comentaron que no entendían por qué en el museo había piezas de poco valor, piezas que ellas mismas tirarían a la basura. Consideraban una pérdida de tiempo dedicar esfuerzos a esas piezas y cuestionaban los criterios del museo al querer recuperarlos o guardarlos.

En mi casa, por ejemplo, yo tengo una biblioteca en la que hay libros que yo he ido seleccionando por su valor, los he adquirido pensando que me resultarían interesantes. Otros tantos libros no los he comprado, sino que los he cogido de la biblioteca o ni siquiera he llegado a tocarlos. Mi biblioteca es mi colección, son obras que valoro y con la que se me puede identificar en cierto modo. Antiguamente las colecciones empezaron así, por un interés particular de adquirir y conservar obras o piezas que para el coleccionista eran importantes, tanto si usaba o no una razón histórica, etnográfica o personal para ello. Muchas colecciones de museos han sido creadas de este modo, siguiendo un criterio que elegía unas piezas y excluía a otras.

En el archivo las obras no solo tienen valor por sí mismo sino que además hay un metavalor. En un archivo se clasifica y se guarda lo que existe para que otros puedan estudiar su valor, desde diversas perspectivas. Así en una hemeroteca, por ejemplo, se conservan todos los periodicos, buenos y malos, y todas las noticias, indipendientemente de una criterio selectivo. El usuario es el que aplica el criterio no la institución.

Hoy en día vivimos en una sociedad en la que muchos objetos cotidianos no se valoran, se reemplazan fácilmente. Un museo etnográfico que quiera hacer justicia al siglo XX ha de hacer un esfuerzo para recuperar y conservar aquello que nosotros tan fácilmente tiramos, porque describen cómo es la sociedad en la que hemos vivido, con lo bueno y con lo malo. Por ejemplo, si todos hemos jugado con muñecos baratos, ¿sería fiel exponer una edición especial para reflejar a la sociedad? La respuesta es que no. Las ediciones especiales también reflejan la sociedad pero no más que los objetos de uso común. En este caso este tipo de museos están funcionando como un archivo porque intentan recoger lo que hay sin seleccionarlo previamente, aunque obviamente siguen teniendo colección porque no adquieren todo lo que sale al mercado.

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Sala del Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid

Un elemento de polémica ha sido la globalización de los museos por los museos franquicia ¿debe la gestión del museo sólo guiarse por criterios económicos? ¿No son los museos un monumento al prestigio de los poderes públicos? ¿No se utiliza el arte contemporáneo como símbolo de una política cultural? Muchas veces los museos, como sería el caso del Guggenheim de Nueva York que tiene sucursales en Bilbao, Venecia, Las Vegas y Berlín, se construyen como catedrales para modernizar la ciudad más que por el arte mismo. Un caso paradigmático y polémico ha sido Abu Dhabi, un lugar concebido para ser un barrio cultural donde los edificios se harán por arquitectos de renombre y en el que se pretende que haya, además de un Guggenheim, una sucursal del Louvre. El caso del Louvre ha sido muy polémico en Francia porque se expondrán 300 obras del fondo de reserva. Sin embargo, el Louvre, se halla en un momento en que sus finanzas son débiles y este proyecto supone una gran suma de dinero para ellos.

Un debate que surge es ¿qué es más importante el continente o el contenido? ¿Es más importante la marca del museo o su colección? Ante ésto han reaccionado algunos museos como el Museo de Altamira cuyo edificio se hace poco evidente. En contra de la masificación que pretende el continente otros museos como el Insel Hombrich cercano a Dusseldorf se han ubicado en lugares muy difíciles de encontrar. Respecto al contenido hay un hecho destacable en los museos de arte contemporáneo y es que muchos han partido de la ausencia de colección permanente ¿Puede denominarse museo a una institución que no tiene colección? Éste fue el caso en su fundación de MARCO por ejemplo.

Muchos de los museos van confeccionando su colección poco a poco, entonces surge otra problemática ¿cómo tener una colección siempre actual? Los museos de arte contemporáneo han de renovarse continuamente, por ello muchas veces se presentan como talleres o centros para impulsar a los artistas contemporáneos. Un museo de arte contemporáneo no puede ser estático por las mismas características de su colección. Además muchas de las obras que realizan los artistas contemporáneos presentan problemas de conservación por el carácter efímero de sus materiales, es el caso del arte Povera, de ubicación como el Land Art o de transporte como el Minimal Art ¿puede un museo conservar las obras creadas para que se degraden? ¿Es lícito que altere las propias obras para conservarlas? ¿Si sólo las documenta no se convertiría el museo en una biblioteca? ¿Si recrea las obras no sería el museo coautor de las mismas?

Los museos se han preparado para el visitante y han de ser didácticos. Sin embargo, en muchos casos los museos de arte contemporáneo no han seguido esta dinámica y la tendencia que predomina en su museografía es la postmoderna: reconstruir discursos o hacer un esfuerzo para componer un puzzle. Los museos de arte contemporáneo se han caracterizado por la indefinición de sus programas museológicos que tienden a hacer una presentación sincrónica del arte frente a la diacrónica tradicional, en un mismo museo nos encontramos obras de diferentes estilos y muchas veces las obras no se explican por sí mismas y no son explicadas. Tal y como se pregunta Choay ¿se ha encaminado el museo de arte hacia su inutilidad social? Los discursos que se elaboran son acotados, sincrónicos y fragmentados -en muchos casos los museos optan por ser monográficos como en el caso de Picasso Dalí, Zabaleta, César Manrique o W. Vostell.

Este carácter interpretativo y abierto se muestra en el propio museo por el carácter revisionista de las obras ¿La función discursiva y crítica de los museos no va en contra de las propias obras de arte? El museo de arte contemporáneo ha basado su función social en la capacidad de atraer público más que en la didáctica de las mismas obras de arte con lo cual ha perdido su función instructiva. Sí se ofrece la visita estética en el museo pero ¿qué queda de la visita al museo? ¿Se aprende realmente? ¿La visita estética se puede realizar a costa del gran número de visitantes y del ruido que generan?

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MOMA, Nueva York

Una de las paradojas del museo de arte contemporáneo es que mientras un museo, concebido al modo tradicional, conserva el pasado, el museo de arte contemporáneo conserva el presente. Partiendo de este hecho la palabra museo queda primeramente limitada, por eso hoy muchas veces se habla de centro cultural en vez de museo.

Una de las primeras preguntas que nos surgiría sería ésta ¿pueden denominarse realmente museos? En torno a esta respuesta girarán la mayoría de los debates acerca de los museos de arte contemporáneo. Un elemento nuevo, distintivo y contemporáneo es el turismo cultural. Uno de los más importantes elementos de cambio es el papel otorgado al visitante, cada vez más diverso y plural. Los museos contemporáneos han pasado a ser masivos y sociabilizados. La sociedad en la que se presentan es una sociedad muy competitiva que necesita fidelizar al público y para ello dejan de ocupar el espacio en la exposición permanente que suele ser un 20% del espacio disponible.

Los museos de arte contemporáneo se han caracterizado por sus necesidades arquitectónicas que en el exterior representan una aportación patrimonial y urbanística a la ciudad y en su interior han de satisfacer las necesidades de los visitantes presentando espacios flexibles. Éste es el caso de los museos figurativos y simbólicos que presentan su espacio como una gran caja contenedor, alguno de los ejemplos a este respecto serían el Pompidou en París o la Tate Modern en Londres. Estas construcciones se sitúan en contra de la llamada cultura muerta que representan los museos tradicionales e intentan crear una entidad original destinada a la cultura en general. El Pompidou ya se presentó como una máquina abierta a la ciudad que incluía una zona para pasear a su alrededor. El museo de arte contemporáneo tiende a lo lúdico y a la presentación de un centro polivalente donde se hacen muchas actividades culturales.

La pregunta que sugiere este asunto es ¿han de ser los museos divertidos como los parques de atracciones, lugares donde pasear como los parques o un lugar de encuentro como un bar? Ante este panorama se plantea el problema de la mcdonalización del arte, la liberación de la necesidad del saber por la facilidad de acceso ¿hacer que el arte sea accesible ha de ir en detrimento de la instrucción y exposición de la obra de arte? El museo pasa de ser un lugar donde la mirada se instruye a un lugar donde la vista se pasea. La Tate Modern se define, por ejemplo, como el museo de la comunidad del siglo XXI, ha sido concebido para atraer turistas y competir con el Pompidou y el MOMA, es el museo más visitado del mundo, su entrada es gratuita y tiene un amplio horario. Una reacción que se ha generado es la idea de antimuseo o de centro cultural, un centro polivalente donde se hacen muchas actividades

¿Los museos actuales no son más centros culturales que museos? La noción de centro de arte entiende el museo como centro productor-difusor de arte, por encima de su misión conservadora de unos fondos. Esta idea determina la subordinación de la colección a la activación de una programación basada en exposiciones temporales y otros eventos relacionados con la cultura contemporánea. Algunos lugares paradigmáticos son los centros planteados como complementos de los museos existentes y que se suelen ubicar en lugares periféricos reutilizando viejos edificios con un mínimo de acondicionamiento como el PSI del MOMA.

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