Archivo de la Categoría “FILOSOFÍA”
En el post sobre el informalismo hemos introducido el tema de la obra que ha de ser interpretada. Muchos artistas no explican su obra o la realizan sin ninguna finalidad a priori, esperan que el espectador haga un esfuerzo por entenderla. En este sentido Umberto Eco ha escribió un libro llamado “Obra Abierta” cuya tesis es que el lector reescribe el texto y se convierte así en el autor de la obra. Esto se explica porque la obra posee una polisemia, puede interpretarse encontrándose diversos significados en ella.
Muchas veces se critica que las obras de arte contemporáneas no son comprensibles, sin embargo pensando que las obras de arte nos dan pie a realizar interpretaciones, a reflexionar, sobre quien los ha producido y sobre el tema que trata, que al fin y al cabo no es otra cosa que la cultura misma en la que vivimos, la perspectiva sobre este punto de vista cambia. Cada usuario tiene una concreta situación existencial, una sensibilidad particularmente condicionada: determinada cultura, gustos, prejuicios personales, etc. de modo que la comprensión de la forma originaria se lleva a cabo según determinada perspectiva individual. Así las obras de arte nos ayudan interpretándolas a conocernos a nosotros mismos, sobre todo si contrastamos nuestra interpretación con la de otras personas.
Roland Barthes decía que la obra ha de ser abierta para que la obra de arte no muera por el paso del tiempo, con el cambio de paradigmas y conceptos culturales. La obra polisémica es la que puede sobrevivir en el tiempo. Esta es otra ventaja que ofrece la obra abierta.
Pero, ¿quién es entonces el creador de la obra? ¿quién es el que le da significado a la obra? ¿el autor o el lector? Barthes propone que si la obra es polisémica y el lector es el que la interpreta se produce la muerte del autor de la obra. Pero en mi opinión, ha de ser el autor el que, mediante la metáfora, nos de esta opción. Por ello, el autor es fundamental en este proceso de la interpretación de la obra, y seguramente, la obra haya sido motivada por una interpretación propia del artista.
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Escrito por Ester en FILOSOFÍA, tags: memoria, vida

Siempre ha habido quienes guardan muchas cosas antiguas, a pesar de no utilizarlas, como recuerdo. Antaño los objetos se guardaban quizá más que hoy en día, muchas veces porque se consideraba que seguían siendo útiles. Hoy cuando una maleta se nos estropea, cuando nuestros cubiertos están viejos o cuando la ropa ya no nos gusta, nos deshacemos de estos objetos porque se pueden volver a adquirir fácilmente. De hecho la sociedad en la que vivimos valora este materialismo del “ir a la última” y no nos gusta a menudo tener objetos rotos o que se vean viejos.
Puede parecer que en esta sociedad no somos amantes de la colección, de conservar objetos antiguos. En mí opinión quien más, quien menos, colecciona algo hoy en día, hoy nos coleccionamos a nosotros mismos. Las nuevas tecnologías han propiciado que esto sea posible. Hoy en día realizamos muchísimas fotografías que son reflejo de nuestra vida y no nos desprendemos de ellas. También compramos cosas con las que nos identificamos y las conservamos como muestra de quienes somos o de quienes hemos sido, música por ejemplo. Hoy en día tenemos una gran agenda de teléfonos, muchos de los cuales no usamos, pero que no borramos por si acaso. Hoy en día guardamos mail, conversaciones, videos, libros, música o imágenes que nos definen. Muchas cosas de las que coleccionamos y que nos definen están en soporte digital. En el fondo son recuerdos inmateriales que no ocupan espacio pero de los que no nos desprendemos porque los consideramos vestigios de nuestra vida. Ya no coleccionamos sellos, objetos exóticos o cromos, sino que sólo conservamos aquellos que nos recuerdan un pasaje de nuestra vida.
El coleccionarse a sí mismo se debe en gran medida a lo que se llamó “ruptura generacional” y que ocurrió hacia los años 60-70. Antes de esta llamada ruptura las personas vestían siempre como mayores, todos tenían un traje de domingo y sus objetos de uso cotidiano eran similares y se compraban por el uso que se iba a hacer de ellos. La ruptura generacional hace referencia a cuando los jóvenes ya no quieren ser como sus padres e intentan diferenciarse de ello y surgen las generaciones y los estilos. Los hippies por ejemplo son un ejemplo de ello. Más actualmente hablamos incluso de revival. Ahora todos hablamos ya de generaciones y buscamos identificarnos de algún modo con ellas. Para demostrar quienes somos y quienes hemos sido nos coleccionamos a nosotros mismos.
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 Cornelis Escher, "manos dibujando", 1948
Después de 1968 se instaura filosóficamente el concepto postestructuralismo. Comienza el concepto post, como postindustrial o postfordista, que significan lo mismo. Ya no se habla de producción sino de simulacro, como indica Baudrillard. Baudrillard es un autor del que ya hablamos, analiza la sociedad actual. Otros autores también analizan el tiempo en el que vivimos. Es muy interesante leerlos porque nos hablan de nosotros mismos, de la época en la que vivimos. Algunos de sus nombres son Lyotard, Battimo o Derrida.
Vivimos en una red de conceptos post. François Lyotard dio en 1979 cuerpo al primer texto sobre la postmodernidad en “la condición postmoderna”. Constata que se han acabado los grandes relatos, los metarrelatos o metanarrativas como el marxismo, el psicoanálisis, la ontología o el estructuralismo. Vivimos en una época en la que hay una eclosión de pequeñas historias. No se busca la verdad, la esencia, el ser, etc. Las pequeñas historias vienen unidad a la desfragmentación del saber, a la desjerarquización. En su texto “la diferencia”inaugura un discurso sobre la diferencia. En la modernidad, vanguardias, había monocultarismo, la cultura europea, eurocentrismo o etnocentrismo. El individuo se quiere diferenciar del resto creando su propia historia.
Otro pensador es Jacques Derrida. Su cocepto clave es la deconstrucción, concepto que acuña. El concepto de deconstrucción se ha usado en arquitectura para indicar que no se tiene estilo, por ejemplo para el Guggenheim de Bilbao. Deconstrucción es lo que se hace con la modernidad en la época postmoderna. En la modernidad, en las vanguardias por ejemplo, se construía desde cero sistemas completos, en la postmodernidad no interesa la novedad, no se contruyen proyectos. La deconstrucción mira hacia el pasado, es revisionista. De hecho, se habla de revival actualmente, las viejas modas vuelven una y otra vez. Se cogen fragmentos de construcciones anteriores y se crea una nueva construcción.
Battimo en “el pensamiento débil” habla del debilitamiento del pensamiento dogmático en la postmodernidad, porque no hay sólo una verdad, sino muchas, al igual que muchos puntos de vista. En cierto modo es la época de “todo vale”.
Estos pensamientos pueden resultar abstractos e incomprensibles pero poco a poco iremos profundizando en ellos. El arte postmoderno también es un ejemplo de ello y lo iremos viendo poco a poco en el tutorial “claves para entender el arte contemporáneo”.
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Escrito por Ester en ARTE, FILOSOFÍA

Arte y filosofía son dos términos que se usan muy a la ligera actualmente, se dice que el fútbol o el toreo es un arte y se habla de filosofía dental. Me gustaría reivindicar el espacio de estos términos. En una discusión acalorada con los amigos se dijo que el fútbol es un arte y se habló de la filosofía del fútbol. Cuando les pregunté qué entendían ellos por arte o filosofía me intentaron dar una definición que se acomodase a lo que ellos habían defendido anteriormente. Tras estar hablando sobre este tema largo y tendido finalmente me cansé, cosa que no me suele pasar a menudo. Muchas veces en las discusiones de bar se discute por discutir, sin querer llegar a ningún fin, pero el tema me tocó la fibra. Estos términos son difíciles de definir pero no por ello se pueden utilizar con cualquier fin.
La filosofía no es una manera de pensar, no se puede decir la filosofía de la empresa por ejemplo. La filosofía es un estudio que comprende aquellas preguntas fundamentales para el hombre que no tienen respuesta. Si tuviesen respuesta sería una ciencia y la filosofía, como tal, dejaría de existir. La filosofía se pregunta cómo percibimos el mundo, cómo define nuestro lenguaje el mundo, qué es ético y moral, o cuáles son los fundamentos de la política como la libertad o la igualdad ¿Por qué se estudia lo que no tiene respuesta? Porque no podemos evitar preguntarnos por ello. Muchos conceptos abstractos poblan nuestra mente, acotarlos y entenderlos puede sacarnos de muchos embrollos. Por ejemplo, los políticos tienden a utilizar muchos términos abstractos, cada uno puede interpretarlos como quiera y así el discurso es más fácil que guste a la gente. En una guerra ambos bandos luchan por la libertad pero, como es lógico, no entienden lo mismo por libertad ya que si no, no lucharían.
El arte es difícil de definir si no se atiende a las diferentes corrientes artísca. El arte comprende la literatura, la pintura o la escultura. El artista es quien sabe abstraer de la realidad el paradigma o enigma dominante de su sociedad y plasmarlo intencionadamente de una manera metafórica. Así lo hizo por ejemplo Cervantes con el Quijote. El arte ha aludido muchas veces a la belleza porque era un ideal de esa sociedad, sin embargo ahora mismo no lo es y por eso el arte para ser arte, no tiene por qué agradar. Entender cuales son los parámetros del arte en cada corriente no se puede explicar aquí brevemente. Pero sí diremos que no se puede tomar un parámentro del arte para definir al arte, esto es, el arte tiene parámetros pero los parámetros no tienen arte. Dicho de otro modo, si yo hago un dibujo y es estéticamente bello no por ello soy una artista. Muchas veces los parámetros del arte se pueden valorar sólo cuando hay perspectiva histórica y por ello muchos artistas no han sido valorados en su época.
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Escrito por Ester en ARTE, FILOSOFÍA, tags: Duchamp
 Marcel Duchamp (1887-1968)
Hace unos días hablábamos de las primeras vanguardias y en especial de la figura de Marcel Duchamp. Duchamp lleva al arte muchos conceptos que no son nuevos, uno de ellos es el juego.
Pascal es considerado como el padre del existencialismo, introduce el juego en el campo de la filosofía y lo convierte en una necesidad vital para todo individuo. El individuo necesita el juego para soportar la tragedia humana. El ser humano intenta racionalizar las cosas pero no puede huir del tragedia humana ante la muerte, la destrucción, la soledad, etc. Este vacío que el hombre siente en su interior es algo vanal y el juego puede ayudarle a superarlo.
Lo curioso del juego es que también es un concepto importante en épocas menos racionales donde se cree que se aprende jugando. Russeau creía que el niño debía ser educado mediante el juego, no mediante el castigo. Pero mientras que la idea de juego existencialista es principalmente individualista, el concepto de juego en épocas menos racionales hace relación a los valores de la comunidad.
¿Fue Duchamp un educador o un existencialista? ¿utilizó el juego, la ironía o el sarcasmo para llenar el hueco que tenía dentro o pensaba que así crecía como persona dentro de una comunidad?
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 Cinta de Moebius
Hace unos días estaba con unos amigos comentando uno de tantos libros generales sobre ciencia y nos planteamos, según lo que decía el libro, si era posible realizar viajes en el tiempo. Realmente la teoría que explicaba el libro no era completamente puntera porque ya fue explicada por Nietzsche en el siglo XIX, es la teoría del eterno retorno de todas las cosas. Yo conocí esta teoría en mi época de estudiante de filosofía en la universidad y recuerdo que provocó una acalorada discusión que expliclaré a continuación.
Según los científicos el origen del universo se encuentra en una gran explosión que llaman Big Bang. Esta teoría explica que al principio en el universo sólo había una gran bola de masa compacta. Tal y como ocurre con la gravedad en la tierra, los cuerpos se atraen y al ser la tierra más grande que nuestros cuerpos, no sentimos la atracción de las masas entre diferentes personas pero sí la de la tierra sobre nosotros. Del mismo modo, las masas que componían esta gran bola se atraían entre ellas generando una presión tal que en un momento dado provocó una explosión. Así la masa se expandió en múltiples trozos generando galaxias, sistemas solares, nebulosas, etc. que todos conocemos y que se rigen por la misma ley de atracción de masas. Siendo consecuentes con esta ley cabe esperar que poco a poco estos cuerpos se vean atraídos y acaben formando de nuevo esta gran bola. De esta manera, el universo se expandería y se contraería una y otra vez a lo largo del tiempo siguiendo el principio de la ley de atracción de masas.
Pues bien, solemos concebir el tiempo y el espacio como infinititos, es una idea que nuestra mente no puede comprender que nos resulta útil para explicar muchas cosas. Lo que Nietzsche se plantea es que el tiempo no es lineal, sin principio ni fin, sino que es cíclico y que todo vuelve a repetirse una y otra vez. Si el universo se expande y se contrae una y otra vez ad infinitum, y la manera en la que la masa se puede distribuir es finita, llegará un momento en el que el volverá a existir el mundo que hoy conocemos. ¿Qué significa esto? Que lo que estamos viviendo ya lo hemos vivido infinitas veces, que ya habeís leído infinitas veces este mismo post.
Ignorando lo escalofriante de este hecho, la cuestión que causó una gran discusión en mi clase fue si existe la libertad en este caso. Según Nietzsche sí hay libertad porque aunque el mismo mundo se repita una y otra vez, nosotros vivamos infinitas veces nuestra vida y hagamos siempre lo mismo, no somos conscientes de lo que hicimos anteriormente y por ello siempre actuaremos con libertad. Algunos en clase se preguntaban por el destino, si esto fuera cierto nuestro destino estaría escrito con lo cual no habría libertad. La ignorancia es la clave de esta libertad, porque exista o no destino, lo desconocemos.
Volviendo al primer tema ¿podemos viajar en el tiempo? Lógicamente si el tiempo fuese lineal y por lo que se sabe hoy del tiempo, sólo al futuro. Einstein habla en su teoría de la relatividad de que podríamos “viajar” al futuro, pero no al pasado. Sin embargo, si el tiempo fuese circular, viajando hacia el futuro, sí podríamos volver al pasado.
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 René Magritte, "las vacaciones de Hegel", 1958
Hace poco hablamos de Marcel Duchamp y del concepto de la muerte del arte. Pero antes de que se aplicase este concepto al arte Hegel ya habló, en el siglo XIX de la muerte del arte.
Hegel fue uno de los primeros en hablar del símbolo y pensaba que no era arbitrario, sino que el símbolo contiene el contenido. De este modo cualquier símbolo es descifrable. Repasa la historia del arte en función de la relación que ha habido entre forma y contenido. Una primera etapa fue la simbólica en la que el individuo se movía por naturaleza, por lo que prevalecía la forma sobre el contenido y resultaba difícil descifrarlo. En una segunda etapa, la clásica, forma y contenido estaban equilibrados. En la tercera etapa, el romanticismo, el contenido prevalecía sobre la forma, por lo que descifrar el significado del símbolo se hacía difícil. Si el mejor arte era el clásico, una vez de lo clásico desaparece se rompe la armonía y Hegel pronuncia su famosa frase “el arte ha muerto”.
El arte del siglo XX es un arte muy racional y muy poco sensible. Si el arte es fundamentalmente contenido, siguiendo a Hegel nos podríamos preguntar, ¿de qué se diferencia de otras disciplinas intelectuales como la ciencia o la filosofía? El problema de las vanguardias artísticas es que son rupturistas con el pasado. Al perderse la relación histórica se pierde el contexto y por ello es muy difícil descifrar el símbolo. El arte a menudo se ha copiado a sí mismo retomando el pasado y así no se pueden generar nuevos contenidos, aunque sí se hace un arte más comprensible.
Sin embargo, el punto de vista del artista sería diferente al del espectador. En el arte contemporáneo no es tan importante llegar al objeto, lo importante es el camino, y esto ha sido importante para el artista siempre. El arte no puede ser sólo copiar la realidad, el arte es un símbolo para el artista. La pregunta que surge es ¿el artista ha de explicar su obra?
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 Friedrich Nietzsche (1844-1900)
“Nietzsche ha afirmado que el remedio ha sido peor que la enfermedad” ante la ambivalencia de la filosofía. El remedio de la episteme se muestra como un suicidio, destrucción de la vida. Empieza una larga marcha para el hombre hacia la liberación de esa verdad que le destruye la vida. Esta liberación se ha convertido en la historia concreta de Occidente y queda determinada por la liberación religiosa, política y económica.
Al comienzo de la civilización Occidental el hombre no poseía una capacidad para transformar el mundo tan desarrollada como en la época moderna. El remedio más eficaz del hombre ante el terror del devenir era el modo de interpretar el mundo y la vida, si excluimos el mito por no ser válido como valor cognoscitivo. Sin embargo, en la modernidad una élite de individuos consigue guiar y regular el mundo mediante la ciencia y la técnica moderna. Los individuos ya no se sienten observadores pasivos de la historia. Los resultados prácticos de las ciencias y la tecnología consiguen llegar a la masa de una manera que la filosofía no ha logrado alcanzar. Las masas adquieren confianza ante el terror por el nuevo sentido de poderío. Las ciencias no son episteme, son formas del mito pero a diferencia del mito mantienen lo que prometen.
Una última tentativa de realizar una filosofía basada en la episteme la realiza la filosofía hegeliana. Por otra parte el triunfo de las ciencias se vislumbra como un aspecto positivo de la iniciativa humana y se confía en el progreso como liberación de los inmutables. Este sentido de progreso es interpretado por el Marxismo y el positivismo, dejando en un segundo plano el antiguo temor. Sin embargo, todavía hay desconfiados que temen que ocurra de nuevo lo sucedido con el antiguo remedio, en este punto se sitúa el existencialismo. Esta desconfianza se puede trasladar tanto al progreso como al pesimismo que se rinde al terror. En este punto se sitúa la filosofía de Nietzsche que propone un nuevo tipo de hombre que acepta su destino. El positivismo, el pragmatismo y el neopositivismo mantienen la confianza en el nuevo remedio.
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Lo social ha sido vencido en el anonimato, en la falta de cualidad histórica, en falta de idealidad y en falta de lo político. Sólo funciona un referente y es el de la mayoría silenciosa cuyo único modo de aparición es por el sondeo. La masa ya no es un referente porque ya no es del orden de la representación. La masa no se expresa se la sondea. El de la masa es un silencio que no habla y no permite que se hable en su nombre: de nadie puede decirse que representa a la mayoría silenciosa y esta es su revancha. Este es siempre el peligro de la generalización hoy en día, que no existe un referente como antaño eran la clase o el pueblo. Ya no somos sujetos, ya no podemos expresarnos y hemos perdido la caracterización. La individualidad que en esta época de liberalismo capitalista es la insignia de la libertad es también un simulacro ya que el individuo ha dejado de ser sujeto de valor, de pensamiento y de opinión.
La estrategia del poder se fundamenta sobre la apatía de las masas pero la inercia que fomentó se convirtió en el signo de su muerte. Este proceso hoy en día es irreversible mientas cada uno tengamos lo necesario para ser definidos como mayoría silenciosa, la felicidad consiste en tener-manipular y no en ser como indica Eric Fromm. No se puede incentivar a lo social ya que toda información sólo favorece el proceso entrópico e hiperreal. Lo negativo de la masa es que absorbe toda la energía social pero no los crea. Todo discurso creado queda inscrito dentro del ámbito del mecanismo de la simulación y pasa a ser una opción más que hay que respetar tanto como la contraria. Esta es la época de la elección y la multiplicación de recursos no supone un problema. La masa, por tanto, realiza la paradoja de ser a la vez objeto de simulación y un sujeto de simulación capaz de refractar todos los modelos y de verterlos de nuevo por hipersimulación. Como resultado la masa no es sujeto ni sujeto.
La sociedad vive en una inversión del orden de lo privado y lo público. Igualmente se invierte el tiempo débil y fuerte. La banalidad como ocio se valora cada vez más y cualquier esfuerzo es rechazado. El repliegue sobre la privacidad por lo banal y el rechazo del trabajo como algo productivo para el sujeto mismo es un desafío de la política. Lo público, el trabajo y la implicación social, es rechazado por las perspectivas de satisfacción del individuo que dirige sus deseos hacia lo improductivo. Sin embargo, a través de la banalidad se produce una microrrevolución debido a la impotencia de control político y social sobre ella. En la actualidad, por ejemplo, el subsidio al desempleo provoca un paro en aumento, la sanidad gratuita provoca un déficit en la economía, las jubilaciones son un problema ya que todos desean jubilarse anticipadamente y la esperanza de vida crece, la inmigración se fundamente en encontrar un trabajo en el que se gane más con menos esfuerzo… el estado de bienestar que desde las políticas socialistas se pregonaba como la culminación democrática estatal ha demostrado ser imposible. Fueron precisamente los propios políticos los que con los procesos de disuasión crearon la mayoría silenciosa que mientras conceden sus votos sin dudar van destrozando cualquier apuesta positiva. Así, la resistencia a lo social progresó más rápidamente que lo social.
La única solución posible es la de la implosión por el triunfo de lo hiperreal: consiste en consumir cada vez más. Un caso paradójico de actualidad es el caso de los medicamentos. El consumo en masa de los medicamentos autorrecetados ha producido que los medicamentos se vuelvan inservibles. La automedicación a menudo es producto de la pereza de acudir al médico o de la hipocondría de las personas. Igualmente aumenta la violencia en aulas por niños que han crecido ante las imágenes de violencia extrema y se ven desensibilizados ante ellas, y faltos de una referencia autoritaria clara.
Estas teorías de Baudrillard han generado un arte que denuncia una cultura aceptándola y llevándola hasta el extremo. Los autores se suman al simulacro. Se crean productos artísticos desposeídos de verdad, de genialidad, de originalidad y de aura. Presentan fetiches triunfantes y simulan representaciones mutables de la realidad. Juegan al juego de lo hiperreal. El objeto artístico se convierte en algo extraño. Lo que importa no es el sujeto que desea sino el sujeto que seduce, que disuade. El artista ya no debe imitar o parodiar la realidad sino extrapolar signos de ella para crear una hiperrealidad. El arte genera mundos simulados. Todo este movimiento parte ya de un referente en la apropiación de objetos de consumo popular tal y como hacía Andy Warhol o Duchamp con el ready-made, anteriores a la obra de Baudrillard pero que a partir de ella ha surgido enriquecida con nuevos significados más actuales.
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Baudrillard es un sociólogo francés postestructuralista interesado por la cultura postmoderna y tuvo gran repercusión en el arte tardíamente en autores como Meter Halley, barbara Kruger, Jeff Koons y Maim Steinbach.
Define la simulación como la generación de los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. En principio lo real se refleja en los mass-media pero el resultado es que acabamos comparando nuestra realidad con un referente mediático convirtiendo nuestro mundo en hiperreal. Los mass-media actúan sin referente. Dicho de otra manera es el mapa el que precede al territorio. La abstracción ya no puede existir porque hay una ausencia de referente. Es lo que llama la precesión de simulacros y la liquidación de precedentes. Ante este hecho los valores pierden su función ya que no hay modelos y todo puede ser producido, no existen las verdades porque no hay referente ni objetividad, no existen utopías porque el signo pierde su valor, y no hay dios ni juez que nos indique una finalidad. Perdemos la ilusión porque no podemos pensar que otra realidad puede ser posible ya que al no haber referente toda opción siempre será un simulacro más.
Culturalmente nos hallamos en medio de una lógica de la simulación que no tiene ya nada que ver con la lógica de los hechos. Podemos simular una democracia a pesar que no se favorezca el diálogo ni la libertad de pensamiento –sin libertad de pensamiento no hay libertad de opinión ya que toda opinión queda inmersa en el discurso imperante. Para una democracia simulada es necesaria la disuasión de la que se encargan los mass-media con escándalos como el caso Watergate, es la teoría de la conspiración y del miedo la que nos mantiene disuadidos de no quebrantar las normas establecidas. Una vez que no hay valores debemos aceptar lo producido que nos mantiene en la rutina a la vez que nos dan escándalos de los que hablar de ellos pero siempre lo suficientemente lejanos para que no nos preocupemos. Todos nos acordamos que las diferentes modas informativas de la televisión, como lo fueron los perros asesinos, el síndrome de las vacas locas y actualmente podría serlo el maltrato escolar. La única arma absoluta del poder consiste en persuadirnos de la realidad de lo social: de la gravedad de la economía y de las finalidades de la producción. Se consigue destruyendo el referente para que todo lo que exista no sea más que simulacro, para que no podamos valorarlo. Se confunde el principio de realidad y el principio del deseo al no existir el valor, nos agrada lo que nos muestran, deseamos lo que vemos a pesar de ser un simulacro.
De este modo, se gira el dispositivo panóptico de vigilancia (vigilar y castigar) hacia un sistema de disuasión donde está abolida de la distinción entre lo pasivo y lo activo. Ya no somos nosotros los que miramos la televisión sino que es la televisión la que nos mira a nosotros como indica Baudrillard en el caso de los Loud. La disuasión provoca una implosión del sentido: todo lo que se crea sólo puede ser simulación por la falta de referentes verdaderos, y los signos hiperreales se van multiplicando en el seno de una sociedad en la que no se puede descartar ninguna opción. Ante cualquier hecho se crea un montaje oficial que marca una pauta de valor hiperreal, es lo que llamamos la manipulación de la información como lo fue la guerra del golfo en su día en el que las imágenes del petróleo derramado sobre las aves formaban parte de unas imágenes de archivo.
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