Archivo de la Categoría “LITERATURA”
En el post sobre el informalismo hemos introducido el tema de la obra que ha de ser interpretada. Muchos artistas no explican su obra o la realizan sin ninguna finalidad a priori, esperan que el espectador haga un esfuerzo por entenderla. En este sentido Umberto Eco ha escribió un libro llamado “Obra Abierta” cuya tesis es que el lector reescribe el texto y se convierte así en el autor de la obra. Esto se explica porque la obra posee una polisemia, puede interpretarse encontrándose diversos significados en ella.
Muchas veces se critica que las obras de arte contemporáneas no son comprensibles, sin embargo pensando que las obras de arte nos dan pie a realizar interpretaciones, a reflexionar, sobre quien los ha producido y sobre el tema que trata, que al fin y al cabo no es otra cosa que la cultura misma en la que vivimos, la perspectiva sobre este punto de vista cambia. Cada usuario tiene una concreta situación existencial, una sensibilidad particularmente condicionada: determinada cultura, gustos, prejuicios personales, etc. de modo que la comprensión de la forma originaria se lleva a cabo según determinada perspectiva individual. Así las obras de arte nos ayudan interpretándolas a conocernos a nosotros mismos, sobre todo si contrastamos nuestra interpretación con la de otras personas.
Roland Barthes decía que la obra ha de ser abierta para que la obra de arte no muera por el paso del tiempo, con el cambio de paradigmas y conceptos culturales. La obra polisémica es la que puede sobrevivir en el tiempo. Esta es otra ventaja que ofrece la obra abierta.
Pero, ¿quién es entonces el creador de la obra? ¿quién es el que le da significado a la obra? ¿el autor o el lector? Barthes propone que si la obra es polisémica y el lector es el que la interpreta se produce la muerte del autor de la obra. Pero en mi opinión, ha de ser el autor el que, mediante la metáfora, nos de esta opción. Por ello, el autor es fundamental en este proceso de la interpretación de la obra, y seguramente, la obra haya sido motivada por una interpretación propia del artista.
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El contenido filosófico de “apuntes del subsuelo” consiste en que trasciende los límites de la mera creación literaria, nos descubre estratos recónditos de la condición humana. Nos muestra que las inquietudes humanas no se corresponden con los impulsos que nos mueven a la búsqueda de la felicidad total, esto es, una felicidad basada en unos principios inalterables del mundo o de nuestra propia persona que una vez establecidos podamos mantener de forma perdurable el resto de nuestra vida. Ciertamente, atendiendo al contenido más íntimo de la novela podemos observar en ella el recorrido de un largo camino en la búsqueda de la definición de un sosiego o paz espiritual caracterizado por la dificultad propia del camino, camino que no encuentra un final puesto que el obstáculo se encuentra en lo más profundo de la psique humana. La tesis que pretende mostrar esta novela, a mi parecer, es que el hombre no es una fórmula matemática sino un entresijo de contradicciones. Esto conlleva que el hombre no puede estar sujeto a unas normas invariantes, a unas normas que dicten lo bueno y lo malo de manera excluyente, puesto que en la misma contradicción es donde el hombre adquiere su valor.
En esta obra Dostoyevski realiza una crítica feroz hacia ideologías de tipo excluyente, a culturas que pretenden convertir al hombre en un ser feliz eliminando en él la contradicción. Sólo admitiendo al hombre tal y como es podemos crear un entorno a su medida que le permita conseguir una verdadera felicidad. Mientras tanto el hombre se encuentra sometido por su propia cultura que le aniquila como lo que es, lo cual es una contradicción evidente puesto que desvirtuando la propia naturaleza del hombre nunca llegaremos a ser felices como hombres sino que nos sentiremos desdichados porque nuestras posibilidades no se corresponden con nuestras cualidades.
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 Fiódor Dostoievsky (1821-1881)
Volviendo a “apuntes del subsuelo” de Dostoyevski y a lo que representa la contradicción para el ser humano y su felicidad he de concluir que todo esto le lleva al autor ha criticar las ideologías por ser represivas de nuestra condición, en especial al romanticismo y al racionalismo, nos muestra cómo por el camino de estas ideologías las promesas de libertad, progreso y voluntad libre se convierten en la falta de ellas, nos muestra cómo afecta ésto al hombre y cómo en su confusión el hombre se sigue reafirmando como contradictorio, cómo la auténtica constitución humana pugna por salir a la luz. Es el racionalismo frío de las ideologías el que al entrar en conflicto con nuestra constitución contradictoria nos lleva al irracionalismo en vez de al racionalismo.
Finalmente nos da las directrices para una mejor realización humana no sin advertir que la represión que produce la sociedad no se puede despreciar fácilmente. Quizá por esto mismo este libro cuente una historia de un hombre, alguien cuyo nombre no llegamos a saber, esto es, cualquiera, cuyo final nunca llegamos a conocer porque el valor de esta novela no está en lo dicho sino en aquello que nos muestra, en lo implicado. El protagonista nos invita a la reflexión mientras reflexiona y recuerda.
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Tras el año del Quijote ya en 2005 me surgió curiosidad por esta obra, en 2006 me lo compré y en 2007 me lo leí. Ahora toca pues el año de la reflexión. Mi idea sobre esta obra de Cervantes es que la novela cambia y se transforma, esto es, se desfigura el límite entre ficción y realidad. Ya desde un principio nos preguntamos: ¿Existió cide Hamete Benengeli o es un artificio? ¿Don Quijote es real o ficticio? Pero al mismo tiempo la novela nos muestra la misma dinámica a nivel de la relación entre los personajes, algunos de ellos mudan su condición: de cuerdos a locos como Alonso Quijano o Cardenio, mujeres se hacen pasar por hombres como Dorotea o Ana Félix, encontramos personajes que se convirtieron en pastores… y otros fingen ser: como Dorotea que finge ser la princesa Micomicona, Fernando para engañar a Dorotea finge ser su prometido o el barbero haciéndose pasar por doncella. Todos estos personajes están actuando como quizá Cervantes actúa bajo el nombre de cide Hamete Benengeli. Surge ahora la cuestión: ¿existe una intencionalidad en estos cambios, en la ficción?
Para mí esta novela se articula alrededor de dos ideas: imitación y engaño, o artificio y apariencia. El lector, de este modo, se ve sometido a la necesidad inconsciente de analizar este hecho para averiguar lo real de cada personaje y, por lo tanto, el sentido de la novela. Es así como el lector debe dudar para separar realidad y ficción, ver en las actuaciones imitaciones o dejarse engañar por ellas. Esta novela transciende el ámbito del lector obligándole a elegir. Seguramente no seré yo la primera persona que haya tenido estas ideas sobre el Quijote y seguro que muchos lo habrán relacionado con otras posteriores del barroco español. Bueno, por lo menos sirva la opinión para hacer un ranquing de interpretaciones.
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